El subdesarrollode Latinoamérica es un
tema que siempreha
oscilando entrelos enfoques de la derecha y la izquierda; sin
embargo esmenester dilucidar, dentro de
nosotros, cuál delos dos es el más acertado.
Dentro del contexto de la política latinoamericanapodemos encontrar un debate muy interesante en torno a un tema capital queconcierne a nuestro continente: ¿el subdesarrollo de nuestro continente esculpa de la influencia neocolonizadora de los países desarrollados, o de losmismos latinoamericanos? Para sintetizar el tratamiento de este complejo tópicoen estas pocas líneas, estudiaremos, desde un punto de vista general, laposición que tienen al respecto las dos principales ideologías políticaslatinoamericanas: la izquierdista y la derecha.
Por el lado de laizquierda, especialmente la más tradicional, es aceptado como un credo lateoría de Eduardo Galeano, quien en su libro Las Venas Abiertas de América Latina, concluye tajantemente quenuestro continente a sido expoliado por las potencias occidentales,especialmente EU, desde la época de la colonia. Tal es la contundencia de lasentencia de Galeano “Es América Latinala región de las venas abiertas. Desde el descubrimiento hasta nuestros díastodo se ha transmutado siempre en capital europeo, o más tarde, norteamericano, y como tal se haacumulado y se acumula en los lejanos centros de poder” Esto significa que las inmensas riquezas de nuestro continente, queson incalculables, fueron lentamente, a través de los siglos, sustraídasmediante un complejo proceso detransformación efectuado primero por los países que nos colonizaron, luego porlas potencias europeas y, por último, Estados Unidos. Para Galeano, la riqueza es un bien de cadanación, como un inmenso tesoro que es necesario cuidar, preservar para el biende los ciudadanos. Si se deja que una potencia extranjera tenga muchainfluencia sobre la política económica de nuestro país, entonces esa fuente deriquezas, ese tesoro, va a parar a las arcas extranjeras. Esta visión de lasrelaciones comerciales ha tenido profundo arraigo entre muchos grandesintelectuales de América latina, especialmente los inclinados hacia laizquierda. Para ellos, la pobreza que sufrimos es mero producto de lainfluencia que EU tiene en los asuntos latinoamericanos. Ven con temor ypreocupación cualquier tentativa de intercambio comercial con el país delnorte. Es así como se explica la duraoposición al TLC por parte de los partidos de izquierda, sindicatos públicos ycentrales obreras.
El TLC seríaentonces, para los que comparten la teoría de Galeano, un factor generador depobreza y desigualdad para nuestra nación. Al respecto, dice Galeano: “La fuerza del conjunto del sistemaimperialista descansa en la necesaria desigualdad de las partes que lo forman,y esa desigualdad asume magnitudes cadavez más dramáticas.” De esta afirmación se desprende que existen doscapitalismos: uno rico (EU) y otro periférico, pobre y explotado(Latinoamérica), al primero le conviene que el segundo sigua siendosubdesarrollado para seguir explotándole (utilizando figuras como el TLC) susriquezas.
Otro factor quetiene la izquierda para explicar el subdesarrollo de Latinoamérica, es lairrupción del Neoliberalismo en los últimos años. ¿Pero, qué es elNeoliberalismo? Aludiendo a una definición “técnica” podemos decir que es ladoctrina económica y política que se fundamente en la plena libertad de mercadoy el retiro del estado de la actividad económica y de la prestación deservicios. Este modelo, que fue impulsado por EU, se extendió en Latinoaméricadurante los años 80s y buscaba conjurar los problemas de bajo crecimientoeconómico de la región. La idea era que, al quedar libe el Estado del controldirecto de la economía, el libre mercado se encargaría de generar riquezas ¿Ycómo lo haría? Incentivando la inversiónextranjera, promoviendo las exportaciones, promoviendo igualmente lacompetencia para eliminar los monopolios económicos y diversificar el mercadohaciéndolo más productivo y eficiente, integrando al país a la globalizaciónpor medio de tratados de libre comercio con las naciones ricas etc. Sinembargo, como ya se dijo, la izquierda piensa que el Neoliberalismo es nocivopara nuestro continente. Un intelectual importante que tiene este pensamientoes José Consuegra Higgnis quien dice: “(ElNeoliberalismo)...entrega toda la riqueza nacional sin asomo de escrúpulos a lavoracidad de las llamadas multinacionales. Empresas que fueron el fruto deesfuerzos y sacrificios nacionales, del trabajo y los recursos presupuéstales,se venden sin regatear y con los ojos vendados, para responder a preceptos deesquemas imperialistas bautizados con el eslogan paliativo de apertura oglobalización…” .Según Higgins, y muchos seguidores de estepensamiento, el neoliberalismo sustrae las riquezas y el patrimonio nacionalpara dárselas a los inversionistas extranjeros, al amparo de los principios deuna supuesta integración económica que no es más que un pretexto para conjurar,por parte del imperio norteamericano (y sus satélites: el FMI, la OMC…) su política de dominar los paísessubdesarrollados de América Latina. Lo mejor sería un Estado de bienestar donde el estado maneje la economía, controlelos servicios, incentive el mercado interno para protegerlo de la voracidadextranjera y distribuya la riqueza generando justicia social.
Los detractores del Neoliberalismo, dicendemostrar la validez de sus argumentos poniendo como ejemplo a Argentina, cuyacrisis económica se la endilgan al gobierno de Memen, quien llevo a cabograndes procesos de privatización; otroejemplo sería la exorbitante alza de lastarifas de servicios públicos ocasionada por culpa de las privatizacionesde empresas estatales en Colombia. Pero, ¿Estos casos se dieron como consecuenciade la aplicación del esquema Neoliberal en Colombia y Argentina? Para la gentedel otro espectro de la política latinoamericana, la centro derecha, elNeoliberalismo no es el culpable.
Para empezar, enel mundo de la derecha democrática el término “Neoliberalismo” no tiene validezporque siempre ha existido, desde los tiempos de Smith, un solo Liberalismo, el Liberalismo capitalistaque se dio en la unión americana a lo largo de su evolución. Por lo tanto, elprefijo “Neo”, dicen, se lo buscó la izquierda para satánizar el libre comerciocuando este llegó a Latinoamérica para desplazar el modelo proteccionista. Loque muchos llaman Neoliberalismo essimplemente Liberalismo. “La libertad es la base de la prosperidad, _diceel centroderechista Plinio Apuyelo_ y deque el Estado debe ceder a lasociedad civil los espacios que arbitrariamente le han confiscado comoproductora de bienes y gestora de servicios” .La sociedad es, entonces, labase primordial de la generación de prosperidad y no el Estado. Este, además deser relativamente pequeño y eficiente, solo regula, vigila, garantiza elcumplimiento de las leyes; por lo que no debe dirigir toda la economía yrepartir la riqueza a dedo. Pero, si lo hace, como sucede con el modeloproteccionista, se inflará por el gasto público, se hará insostenible,deficitario, burocratizado y, finalmente, totalmente ineficiente. Así loexplica esta premisa del citado Plinio Apuyelo: “La inversión social concebida (en el Estado Benefactor) como unreparto autoritario de la riqueza en el nivel macroeconómico o como programaestatal financiado con emisiones monetarias, lo que provoca es depresiónsocial.” ¿Por qué? Porque, como seviene diciendo, el Estado Benefactor precisará de más y más dinero parasostener el gasto público generado por sus programas sociales. Cada vez se haránecesario crear más entidades estatales, para cubrir la creciente demanda degente que pide mejoras sociales. Llega el momento en que se encuentraendeudado, con una pesada burocracia que pide muchos privilegios, con undéficit insuperable; circunstancia que lo obligará a emitir y gastar cada vezmás. Al final, sólo queda un estado totalmente ineficiente y dominado por lacorrupción generada por el abultamiento burocrático. ¿No es mejor un Estadorelativamente pequeño pero eficiente, que no tenga que sostener lastresfinancieros ni burocráticos, y que propicie el desarrollo a través de entesprivados? Dicen los derechistas.
Ahora, para lospartidarios del Neoliberalismo, o liberalismo, existen ejemplos contundentes desu éxito en países latinoamericanos que lo aplican. Es el caso de Chile que,abriéndose a los mercados internacionales, privatizando empresas y entidades,disminuyendo el tamaño del estado, acogiendo en masa la inversión extranjera,tiene una de las tasas de desempleo más bajas del continente. Bueno, sí ¿pero,y qué de Argentina? Para eso también tienen una explicación. Argentina colapsópor las prácticas corruptas que dominaban su gobierno, lo cual impidió elcorrecto aplacamiento del modelo. Hubo privatizaciones que, simplemente, seconvirtieron en otro monopolio para favorecer intereses particulares; tambiénhubo ventas de empresas estatales que fueron mal llevadas por culpa de lascorruptelas. Lo mismo ocurrió enColombia y otros países de la zona. Para la centro derecha, la culpa de lapobreza de nuestro continente no está representada en EU, el FMI, o elNeoliberalismo; está representada en la inestabilidad política de nuestrospueblos, en la corrupción, y en la incapacidad de los latinoamericanos deintegrarse en torno a una misma forma de proceder, a una misma senda por lacual seguir todos juntos. Cosa que si hicieron “los hermanos del norte” comolos llamó Bolívar.
¿Quieren sabercon qué punto de vista me identifico más? Pues, con este último, con el de lacentro derecha democrática. Yo no creo que EU, y las demás potencias, nos hayanrobado nuestras riquezas; tampoco creo que nos hayan estado explotando, nineocolonizando. Igualmente, no creo en el “Neoliberalismo” porque, sencillamente,no existe. Siempre ha habido un solo liberalismo, el que se deriva delcapitalismo democrático. Asimismo, tampoco creo en las “oscuras intenciones”del “Imperialismo Norteamericano” para expoliar nuestros recursos por medio defiguras como el TLC.
Nadie tiene la culpa de nuestra pobreza o denuestro atraso, nadie. ¿Entonces quien tiene la culpa? Pues, sencillo, nosotros. Sí, nosotros mismos, hermanoslatinoamericanos que nunca, desde los tiempos de la independencia, nos hemospuesto de acuerdo sobre lo que queremos ser, que nunca nos hemos unidos todosen torno a un solo y único fin. ¿Por qué los japoneses han convertido supequeño país en una potencia económica en un lapso tan corto de cincuenta ynueve años y nosotros, en ciento y tantos años, no lo hemos logrado? Porque, envez de estar echándole la culpa a todo el mundo por sus desgracias, los niponesse unieron férreamente en torno a un fin común: hacer de su tierra unapotencia, un gran país. No hubo discusiones estériles, ni rencillas políticas,ni desacuerdos. Lo mismo hicieron los colonos norteamericanos que seindependizaron del imperio británico, y miren hasta dónde han llegado. Peronosotros, no imitamos ese gran ejemplo. No fuimos capaces de unirnos después dela independencia, no seguimos las orientaciones de Bolívar, quien inspirado enla revolución norteamericana, quiso fusionar los territorios que liberó en unagran nación, en una potencia política, económica y militar que coexistiera conla del norte. Pero no, nos enfrascamos en desacuerdos, brotes individualistas yrivalidades que terminaron por hacer fracasar el plan bolivariano. Creo queesta reflexión, del columnista Urbano Rodríguez Muñoz, sintetiza bien lasituación: “Si fracasó (Bolívar) fueseguramente porque a los pueblos que dio independencia y libertad, no estabanpreparados para usar estas como prueba que después de un siglo deindependencia, todavía no se han educado para ser libres.” ¡Cierto! Todavía no sabemos usar esa libertad.Han pasado tantos años, y todavía discutimos, en el caso de Colombiano, asuntoscomo si nos conviene el régimen parlamentario o el presidencialista, si debemoshacer otra constitución cuando la de 1991 apenas tiene 14 años, si debemosvolver al proteccionismo por el supuesto fracaso del modelo aperturista… ¡No mesorprendería que alguien llegase a proponer que cambiemos el himno de larepública por uno nuevo!
Así hemos estadosiempre, sin unidad, sin acuerdo; evidenciando siempre esa adolescenciapolítica de la que no hemos salido y, lo peor de todo ¡Echándoles la culpa a los demás!
Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados